Emocionalia

La suavidad de sus manos…

La suavidad de sus manos…

Pongamos que no soy hombre ni mujer, que tengo más edad de la que me gustaría y la suficiente como para recordar con cierta distancia. Digamos que la vida ya me puso a prueba varias veces y que, de no ser por ciertos consejos, habría naufragado sin posibilidad de volver a navegar en nuevos mares. 

la suavidad de sus manosPermite que te diga que aquel que me da vida duda, intermitentemente, si podrá concluir lo que tengo que contarte antes de echarse a llorar como un niño, pues le resulta muy duro reconocer todo cuanto voy a relatar sin haber estado presente en uno de los momentos más importante de los últimos años en su vida. Tenedle paciencia. 

Estoy convencido de que tú también tuviste miedo del primer día de colegio, ansiedad por ver marchar a mamá, ganas de esconderte y pasar inadvertido hasta que la campana tocara la vuelta a la libertad. Yo también me llené de mocos, me deshice coletas y destrocé las rodillas de aquel pantalón nuevo…pero no pasó nada, la suavidad de sus manos calmó el desastre. 

la suavidad de sus manosSentí dolor, que el mundo se me acababa, que los demás eran más altos, más guapos, que todo me superaba, que los números no eran lo mío y las letras harina de otro costal. Rápidos, inteligentes, elocuentes mentes sin aparente maldad que desbordaban alegría cada vez que conseguían terminar. Lloré hasta cansarme, pero no pasó nada, la suavidad de sus manos lo volvió a solucionar. 

Adolescencia traicionera secuestró mi voz, la inocencia y el sabor de sus manos en la mejilla en la puerta de mi portal. La buscaba en ocasiones para verla como si el azar lo provocara y varias veces le repetía, como perrillo desamparado –me acuerdo mucho de ti, seño, puede que nunca te lo diga pero siempre lo quiero soltar...- Y aunque el alma partiera en dos, yo disimulaba con los ojos acristalados, con un nudo en la garganta y pocas palabras para continuar. Pero no pasó nada, de nuevo, la suavidad de sus manos me hizo sentir que estaba en casa, nada más. 

la suavidad de sus manosPor la inercia de la vida, el amor que cura heridas y las ganas de abrazar de verdad, me hice madre, regaladora de vida, guardiana del tesoro más importante…sufridora, en ocasiones sin motivo, de todo cuanto rozara a mi hijo, del viento, poco más. Y lo vi alzar sus brazos cuando lo dejé la la puerta del cole, su llanto me abrió en canal, casi me di la vuelta pero dejó de llorar. Ella se acercó a su espalda le susurró al oído y no pasó nada, de nuevo, la suavidad de sus manos volvió a rodear mi corazón sin tocarme, desde lejos, desde la eternidad de su bondad. 

Esta mañana llovía, gotas raras sobre el ventanal, resbalando lento, lento…extraña forma de abrazarse al cristal. Cerré la puerta de casa – Buenos días, vecino…a la tarea , ¿verdad?-. Se acercó a mi lado y me dijo – ¿Recuerdas a la maestra de cuando fuimos chaval, aquella que nos reñía con besos y con abrazos nos animaba a intentarlo una vez más?…Se jubila-. Sentí sus manos una vez más, sobre mi pecho, mi cabeza, mi mejilla…aguantando de nuevo mis ganas de llorar.la suavidad de sus manos Y después metido, metida en mi coche abrí las compuertas de la honestidad y me regresé al niño que fui para sentir con tristeza su marcha, para abrazarla allí donde pueda estar. 

Quisiera darle las gracias mil veces, quisiera elevarla a la eternidad, clonar su mensaje, su voz, la manera de amar desde la enseñanza, la humildad con la que esculpió nuestra forma de ver la realidad. Porque no soy mujer ni hombre, soy decenas, cientos de almas calmadas, educadas, acariciadas por la suavidad de sus manos, animadas a vivir la vida con la elegancia que un corazón como el suyo que nos prestó a tantos y tantos niños desde su rincón de maestra de verdad. 

Pobre cabeza pensante, vaya rato más feo, lloraste como nosotros sin poder parar. Al menos pariste este puñado de letras para permitirnos a todos los alumnos de la Seño Espe despedirnos de ella por todo cuanto nos pudo dar. Cuídese Seño, ya somos muy mayores pero cada vez que la vemos se lo diríamos sin dudar, es tanto, tanto lo que la queremos que jamás la vamos a olvidar. Haga lo propio con nosotros, seguimos siendo su clase, sus pequeños, lo que usted nos quiera mandar. Ojalá disfrute la vida como merece, la nuestra lleva su sello, nuestro corazón marcó con la suavidad de sus manos, nuestra alma con el amor de su paz…

Creí que sería bonito, Espe, compañera, amiga, confidente, mi ángel, salvavidas de acero puro, persona bonita, regalo de mi vida, mi maestra de los días que vendrán…dejarles hablar a ellos y ellas, porque yo no podría hacerlo sin romper a llorar. Gracias por todo cuanto me has dado, por los días que compartiremos en el futuro y la envidia que me darás sin trabajar. 

Me quedo sin palabras para decirte todo lo que siento pero, entre nosotros da igual, nos vemos en el recreo y me cuentas, total, mañana será otro día y los niños nuevos nos harán volver a soñar. 

Cuídate mucho, Espe, ya te estoy, te estamos echando de menos. 

Espero que os haya gustado y os rogaría que si así fuera,votéis el artículo, os suscribáis en el formulario de la web para recibir de primera mano y en un mail mis publicaciones. Gracias por vuestra atención, sois muy importantes para mí.

Obra registrada a nombre de Justino Hernández en SafeCreative

 

2 comentarios en «La suavidad de sus manos…»

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