Emocionalia

El Juez de humo blanco…¿Lo conoces?

El Juez de humo blanco…¿Lo conoces?

A cambio de años, canas y decrepitud leve que apenas se advierte, la vida va mermando en oportunidades cada día que se va, pero enseña sus secretos casi hasta última hora para vencer al mayor de los miedos. Quizá si se repitiera la ocasión, con opciones infinitesimales, volveríamos para disfrutar plenamente de este tesoro…o no. Juzguen y reflexionen, tal vez perdamos demasiado tiempo ocultándonos del miedo y lo mejor sería, desde ya, mirarle a los ojos para terminar sintiéndonos dueños plenos de nuestra VIDA.

Un Juez de humo blanco...Sintió que aquella noche algo no iba bien. Se recostó sobre el sillón que solía ocupar para leer de vez en cuando y notó que la sensación de finitud le invadía el cuerpo por entero y poco a poco. La luz de la vieja farola de la calle resaltaba, sobre la pared  de la habitación, su silueta, quedando reflejada en ella una forma más cercana a la de un animal que a la de un hombre de cinco décadas. Sus manos comenzaban a ser testigos de un hormigueo poco usual y les concedía, por obligación, la tarea de moverse acompasadamente buscando zafarse de aquella sensación tan incómoda. Los pies parecían ser la entrada de carga de mil y un estímulos nerviosos que atormentaban la paz de sus rodillas haciendo que éstas se movieran de forma convulsiva e involuntariamente. Una angustia paulatina le iba recorriendo  pero no acertaba a entender por qué estaba ocurriendo aquello.  Miraba a su alrededor y buscaba razones, motivos, argumentos para justificar lo que estaba sintiendo pero no hallaba en ningún rincón el elemento que le atormentaba. Al tanto las agujas del reloj de pared se eternizaban en llegar al norte de su destino, como si Cronos en su antojo decidiera mermar los segundos y paralizara todo cuanto acontecía en aquella habitación. Sin lugar a dudas, no era una jornada vespertina cualquiera, y él no estaba preparado para sobresaltos que le apartaran de su rutina vital.

De repente, la noche cerrada llegó a su salón y como si fuera absorbido por la oscuridad más plena. Los brazos, elementos pesados como columnas quedaron adheridos al sillón y olvidaron su función. Como si su propia mente le absorbiera desde lo más profundo de su ser, sintió que se abandonaba a una suerte desconocida y en su pecho, un corazón derrotado se rendía por momentos a la evidencia que le sobrepasaba marcando una línea de con puntos de inflexión demasiado distantes entre sí. Se vio inmerso en un pasillo muy, muy largo en el que no podía advertir el final. Había acompasado su respiración al ritmo de sus latidos y en una extraña simbiosis se trasladó a un tiempo que, en origen no le correspondía. Sin embargo, la calma comenzó a llenar su cuerpo ocupando el espacio que previamente pertenecía al desasosiego y la preocupación. Mientras caminaba por aquel interminable enlosado blanco le daba tiempo a pensar en la cantidad de veces que había desechado la idea del túnel con la luz al fondo y las historias que narraban sucesos parecidos. El final del mismo parecía atisbarse como se hace con el horizonte que infructuosamente jamás alcanzaremos aunque sepamos de su existencia. Sus pies descalzos notaban el frío suelo pero más lejos de sentirse incómodo disfrutaba a cada paso que iba dando en la dirección que la voluntad le ofrecía. De todos modos, como la testarudez, dicen, es lo último que perdemos antes de volatilizarnos, mientras caminaba casi sin tocar aquel suelo siguió pensando que los sueños ofrecen multitud de perspectivas y aquella era una más…Siempre había imaginado el tránsito entre la vida y la muerte como un carrusel de feriantes donde todos y cada uno de los niños que lo disfrutan cuenta la experiencia desde prismas diferentes sin llegar a concluir que todos han girado en el mismo sentido y sin moverse del sitio. No importa la forma, ni el lugar, ni siquiera el momento…todos terminamos del mismo modo.

Un Juez de humo blanco...Al final del pasillo había una habitación de grandes dimensiones, un sillón al término de la misma y lo que parecía ser una persona sentada en él.  Era una estancia llena de luz, cegadora en principio pero de fácil adaptación, tanto que en un breve instante de tiempo las pupilas se sentían cómodas sin forzarse lo más mínimo. Había ventanas a ambos lados de la habitación pero al otro lado de las mismas se adivinaba una oscuridad tan completa que presagiaba mal augurio, por esta razón Julián decidió obviarlas como si no estuvieran. Aunque la temperatura no era un problema, ni por exceso ni por defecto, si que se notaba sobre la piel una brisa que desconcertaba bastante dado que no había ninguna puerta que la provocase. Los vellos se erizaban sin saber realmente si era por frío o por miedo.

Se acercó no sin cierto titubeo y estando a la altura de aquel hombre paró y el silencio se hizo tan denso que juraría que le costaba respirar.  Aquella persona tenía en apariencia más años que cualquier hombre que hubiera visto antes, pero algo le decía que su vitalidad era la de un muchacho de dieciocho años. Sus manos, de marcada y pronunciada basculación sanguínea propia del cúmulo de años, mostraban surcos profundos en la piel que hablaban por sí solos.  Apoyadas sobre ambos brazos del sillón de madera y la cabeza ligeramente caída hacia su derecha. No dejaba ver sus ojos y el pelo que le caía sobre la frente tampoco permitía verle el rostro en su totalidad. Abrazado a un olor característico, mezcla de incienso, fuego y noche de invierno cerrada, parecía conocer el lugar y aquella situación pues no mostraba en ningún momento sorpresa o asombro que le perturbara, Julián era un trámite más. Éste, trató de cerciorarse mirándole al pecho varias veces…no respiraba o al menos lo hacía con tanta levedad que no se le notaba inspiración alguna. Sin dudarlo un segundo Julián se dirigió al este hombre…

Desconozco donde estoy, quién es usted y qué es lo que está ocurriendo verdaderamente, pero imagino que tendrá algo que decirme, ¿Verdad?

Pasaron diez interminables segundos y casi una vida para obtener una respuesta que le tranquilizara. Sin mover un solo dedo y manteniendo la cabeza en la misma posición, aquel hombre respondió:

-¿Por qué das por hecho que he de responder a cuantas dudas te asaltan, acaso no sabías antes de     entrar en esta habitación que la vida que vivías tendría un comienzo y un final?-

Esta respuesta no fue la que más resolución aportara a los enigmas de Julián, por eso, dando un tímido paso con el pie derecho hacia delante, siguió en su empeño y con cierto tono de molestia le inquirió a emitir una respuesta más certeza y aclaratoria a la vez que utilizaba su mano derecha para hacer más énfasis en cuanto decía.

 -La verdad es que eso es una cuestión que todo ser humano aprende, pero también es cierto que cuando desconocemos algo lo preguntamos. Si estoy aquí es por alguna razón que ignoro. Como usted parece llevar bastante tiempo en este lugar, le animo a que me resuelva la pregunta que le hice, de lo contrario le dejaré de lado y seguiré buscando la salida, todo, como usted dice, tiene un principio y un final, y esta habitación no sería diferente… ¿Me va a ayudar o no?-

Un Juez de humo blanco...Estas palabras parecieron generar efervescencia en el interior de aquel hombre pues de repente cierto olor a azufre fue precedido de una exhalación profunda y repentina que salió de su boca. De nuevo y sin levantar la cabeza, el hombre le respondió sin apenas inmutarse, pero en esta ocasión su voz no pareció ser tan amable.

 -La ignorancia os hace hábiles necios para hablar sin temor a equivocaros, ojalá que en vida hubieras tenido la misma necesidad de disfrutar de cada minuto como tienes ahora por encontrar la salida que tú dices que existe. No hallarás más respuesta que la que tú quieras concederte, esto no es más que el reflejo de lo que tu imaginación preparó para cuando llegaras al final de tu existencia. Yo sólo soy el que certificará y sellará la ausencia de tu alma, a no ser que me des una razón por la que reinsertarla de nuevo en ti. Te daré unos instantes y tres posibles razones, uno de ellos me valdrá para actuar en consecuencia, tan sólo uno. Te escucho…y no con mucho optimismo –

Julián se quedó perplejo y sin palabras, y su cuerpo, o lo que entendía que fuera su cuerpo, quedó paralizado sin poder articular movimiento alguno. Entendió desde aquel momento que tenía frente a sí a la misma muerte y que ésta le estaba proponiendo una segunda oportunidad si es que se la mereciera. Debía pensar tres motivos para regresarse a la vida, para volver con los suyos…para disfrutar, ahora sí, como se merece la vida.  Entendió que eran tres oportunidades para superar aquella situación y no podía fallar. Después de un instante que se hizo eterno le hizo saber su primer motivo para recuperar su vida…

 – Siempre pensé que mis amigos, mi familia y la gente que quiero merecían mucho más de mí pues son parte muy importante de mi vida. Tengo mucho amor que darles y creo que si fuera de nuevo dueño de mi alma podría demostrarles lo que verdaderamente me importan. Creo que ese es un motivo más que importante y suficiente para concederme el regreso…-

Con sus palabras, pensó que obtendría el beneplácito, al menos, de la duda y que aquél hombre le permitiría regresarse para poder retomar la oportunidad de querer a los suyos pero su sorpresa fue mayúscula cuando escuchó la respuesta de éste.

 – Todos pensáis que el amor por los vuestros es cuestión temporal, de cantidad y por necesidad, pero sin duda alguna, el amor no conoce de espacios para darse ni tampoco momentos propicios para concederse. Es lamentable que el ser humano siempre recurra a su necesidad de demostrar su amor por los demás sólo en estados límite o cuando apenas queda aire para respirar más oportunidad de hacerlo. Estoy convencido de que si te permitiera volver, tu necesidad por mostrarle a los demás tu empatía, tu condescendencia o tu cariño, duraría lo que tardarían en surgir cuestiones como tu ego, la envidia, el orgullo o, en el peor de los casos, el odio por los que te rodean. Es mucho el valor del Alma para otorgarlo sabiendo que va a ser maltratado de nuevo. Habrás de darme otra razón más importante, y te quedan sólo dos oportunidades. Ésta la acabas de desaprovechar.-

No entendía nada de todo aquello, así que tener la oportunidad de volver a querer a los suyos no era motivo suficiente…Pero, no le faltaba razón, pensó. Somos demasiado estúpidos en esas cuestiones y vivimos como si el final no existiera, postergamos encuentros y abrazos creyendo que siempre habrá un momento para realizarlos y concederlos. Al final nos auto-complacemos manifestando impunemente que “no somos nadie”…Comprendió en un solo instante que la necedad del que se sabe infinito cubre de ineptitud su existencia. Cada segundo marca el sendero de nuestra negligencia para vivir…

No obstante, y sin perder el tiempo que no tenía, comenzó a reflexionar sobre un argumento realmente inapelable para que aquel hombre cejara en su empeño. Durante unos instantes pensó en su futuro, en los desperdicios de su pasado, en la bondad del presente y en las cuestiones que le quedaban por hacer. Pero sorprendentemente se decantó por una cuestión que a usted le sorprenderá tanto como a mi…

 – No le falta razón cuando critica de mis actos la debilidad de su continuidad, la merma de énfasis que conduce el tiempo o la falta de sinceridad en el Amor que nos profesamos. Por esa razón no consideraré a los míos como el argumento de peso para regresarme. Toda mi vida consideré que debemos enmendar los errores que cometemos y que gracias a eso podríamos ser vistos como personas de bien, seres agraciados con la bondad que todos reconocemos en una buena persona. Necesito volver para corregirme y limpiar mis fallos, mostrarle a los demás que sólo fueron equívocos donde la intención no siempre fue mala. Creo que una vida sin errores es un objetivo muy lícito y un argumento de peso para volver…-

Dispuesto a escuchar un veredicto positivo, la comisura de sus labios hacían ademan de arquearse buscando la forma de tímida sonrisa por el logro alcanzado y en sus ojos de vislumbraba el brillo del que se sabe ganador de aquello que buscaba. Lamentablemente, no fue así y tuvo que afrontar algo más que palabras cuando este hombre, por fin, levantó la cabeza para mirarle.

Un Juez de humo blanco...Fue aterrador cuando pudo verle los ojos, mejor dicho, cuando no se los vio pues sus cuencas vacías parecían dos ventanas al mismo infierno. La boca era un pozo oscuro y pestilente que, franqueado por dientes amarillos y llenos de manchas indescriptibles, emanaba efluvios de las cloacas más inmundas y terribles. Era, ciertamente, mirar de frente a la Muerte y, por un momento, Julián se sabía más cerca de dejarse llevar que de alejarse de ella.

Después del segundo argumento, el hombre esputó cerca de su zapato un líquido indefinible y sin limpiarse la comisura babeante de los labios le respondió con la certeza del que se sabe dueño de la verdad.

-Te asombrarías de la cantidad de hombres, con más razón y virtud que tu, he visto a lo largo de los siglos intentando implorar clemencia para regresar y enmendar sus propios errores. Principiantes de la maldad, agoreros y aristócratas pudientes…todos con la misma necedad. Y finalmente fueron desterrados al lugar donde tú también irás para quedarme con tu Alma. ¿Acaso no hay mente lo suficientemente lúcida entre los mortales para saber que una vida sin errores es, por definición, una vida desperdiciada?, ¿No hay entre los hombres ninguno que encuentre en los infortunios nuevas oportunidades para crear caminos diferentes?…y me vienes tú a reclamar pureza de vida. La existencia ha de convivir con el error, con el desastre de equivocarse una y mil veces, sólo así se ha de crecer, sólo así se valoran los éxitos y el esfuerzo para su consecución. Me reitero una vez más, es mucho el valor de tu Alma y no me jacto de tener muchas para estropear. Acabas de perder tu segunda oportunidad, cada vez estamos más cerca de ser uno sólo. Piénsalo antes de hablar. No habrá vuelta atrás… –

Como si de un manotazo seco y fugaz sobre la cara se tratara, sintió que las mil y una puertas que dejaba tras de sí, y que le separaban de la vida, se estaban cerrando para siempre. Sus recuerdos se agolpaban en aquello que hacía las veces de memoria, pues ya no poseía el cerebro que le acompañó cinco décadas. El olor de las manos de su mujer, la sensación del frío de la mañana en la frente cuando salía a la calle cada día, las sonrisas que compartía con los amigos, la infancia que aún protegía en algún rincón de su corazón y tantas cosas se estaban alejando de él para siempre…Aún tuvo el valor de cerrar los ojos durante cinco segundos para despedirse de sí mismo y al término de este lapso, inexplicablemente, se surgió una tenue sonrisa de medio lado tan desconcertante como inquietante. Levantó la cara, se acercó más aún a la persona que juzgaba su existencia y sin pensarlo dos veces le trasladó su tercer y último argumento…

Un Juez de humo blanco...-Es absurdo volver para querer a mi familia, a mi hija, a mis padres o a mis amigos pues no necesito de su presencia para que mi amor por ellos exista. La distancia jamás fue un impedimento para que mi corazón me dictara el modo y la cantidad de cariño que siento por ellos. Ahórrese el esfuerzo y la dicha de regresarme por semejante motivo, aunque muriera, se que allí donde esté, espíritu, viento o metal, le brindaría mi luz en forma de energía porque fui, soy y seré parte de ellos…-

-Veo que estás entrando en razón y claudicar es la opción más inteligente…-

 -No tan aprisa, venerable espejismo, aún no he terminado. Ciertamente los errores nos hacen más humanos, menos perfectos pero más interesantes como personas. Retroceder para volver a cometer idénticas pifias sobre semejantes divagaciones tampoco me aportaría demasiado y, sobre todo, regresar para sentirme preso del mismo miedo sería peor aún que la misma parca…sería regalarle el mérito que jamás tuvo usted y que el que todos mis predecesores le concedieron por asirse al tótem del miedo como último salvavidas…-

 – Pensé que eras más ávido y tenaz, lo confundí con estupidez y parece ser que tu tercer argumento es aún más laxo que los dos anteriores. Prepárate para despedirte de tu Alma…-

Acabó de  decir estas palabras y mientras frotaba sus manos realizando pequeños círculos que apuntaban al pecho de Julián, comenzó a surgir de las mismas una intensa luz amarilla que en forma de haz se dirigía al cuerpo de éste…A la vez comenzó a pronunciar unas palabras que presagiaban final y deceso.

 – Porque siempre fue así y así será, las entrañas de la vida me pertenecen y las he de custodiar, sea tu Alma la mía y parte de aquí, ¡sustancia fugaz!…-

 – No sin que antes conozca de mi boca la tercera explicación. No se lo voy a implorar pero no tendrá más remedio que devolverme al lugar de donde me raptó. Quiero volver para terminar la vida que inicié buscando la manera de afrontar que la muerte no es ni lo último ni lo fatal, que lo más perverso es vivir con pavor desperdiciando el eco de cada segundo. Voy a vivir obviando aquello sobre lo que se sabe demasiado pues muchos antes nos mostraron con excesivas evidencias su existencia. La muerte llegará, sí, pero no tiene sentido perder ni un solo instante con temor o cobardía. La sandez alimenta su ira y avaricia señor, y con eso se sienta en este sillón a esperar las Almas derrotadas que alimentan su presencia. No cuente con la mía, este fue mi tercer argumento, mi sentencia y su rendición. Lo que ya no tiene sentido tampoco puede mediar razón…-

Un Juez de humo blanco...En ese momento, un fuerte estruendo golpeó sus oídos y todo cuanto había a su alrededor quedó sumido en una densa oscuridad. Las nociones de tiempo y espacio desaparecieron, y como si su cuerpo se adhiriese por capas a la esencia que como ser humano era, cual estratos fue notando huesos, músculos, arterias y piel. El dolor fue inmenso y finalmente notó un peso enorme, como si fuera una losa de mármol de dimensiones descomunales. De nuevo una luz tenue se podía ver a lo lejos. Se fue haciendo poco a poco más grande y visible. Al poco rato tenía forma circular y encima de su cabeza iluminaba una habitación de hospital. El olor de las manos de su mujer fue el primer socorrista en hacerle saber que la vida le había concedido una nueva oportunidad y que ahora, y no después, tenía el tremendo reto de vivir hasta el final demostrándose y demostrándoles a todos que el miedo a lo desconocido jamás puede tener más valor que todas y cada una de las maravillas que tenemos cada mañana cuando se nos regala un nuevo día…Julián giró su vida por completo, gozó cada instante como si fuera el último, vivió no como pudo sino como quiso. ¿Te atreverías tú a hacer lo mismo…?, ojalá que la respuesta sea afirmativa, quien sabe, igual, algún día en algún lugar nos reunimos, lo comentamos y nos damos la enhorabuena…Tu decides tu vida, tu decides tu tiempo.

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Obra registrada a nombre de Justino Hernández en SafeCreative.

 
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