Emocionalia

Se perdieron miles de abrazos.

Se perdieron miles de abrazos…

Cierto. Se perdieron por el camino miles de abrazos, otras tantas bocas no alcanzaron a tensionar lo suficiente como para esbozar todas aquellas sonrisas que jamás serán y, quizá, muchas de las historias de amor que podrían haber comenzado fueron abortadas por esta terrible pandemia.

Imagino que las vidas compartidas que podrían haberse fraguado al amparo de un café, en esas pequeñas mesas redondas donde apenas caben dos platillos, sus tazas y unas manos entrelazadas, quedarán inertes en algún lugar del universo esperando a que el destino vuelva a recolocarlas en nuevos amores furtivos nacidos de la intuición.

Asumo que el tiempo es finito y que las oportunidades no volverán jamás, que las intenciones que no se convirtieron en hechos difícilmente tendrán cuerpo de recuerdo digno, que las notas que no se produjeron sobre el piano sonarán sordas y que tus manos y las mías no conocerán aquellas que no apretaron.

Me da pena reconocer que millones de almas marcharon mucho antes de lo previsto y que otras tantas quedaron huérfanas sin haber podido despedirse antes de la tormenta, lo comprendo y me aflige empatizar con esos corazones, aunque por mucho que lo intente nunca podré saber cuánto dolió el adiós no previsto…

Miro a mi alrededor y el olor a miedo es permanente, la incertidumbre tónica en el semblante de los que me rodean y el hartazgo funciona como rúbrica de todas y cada una de las conversaciones que ocupan el tiempo en que no producimos o aquel que vestimos de asueto aunque nuestra mente nos lleve siempre al oscuro e incierto virus.

Todos conocemos mil y una razones para tildar esta parte de la Historia que nos tocó vivir como una de las más desafortunadas y desafiantes, uno de los momentos más inoportunos para ser felices, para crecer como personas, para compartir el poco o mucho tiempo que nos quede con otro ser humano…para amar y ser amados.

Ojalá tuviéramos el mismo tino para contemplar el vaso desde el interior y llegar a reconocer que pasaremos a la eternidad como aquellos seres humanos que superaron el abandono del cariño, la distancia, la frialdad de la ausencia del tacto o la ternura de un abrazo sin tiempo.

Porque seremos recordados y recordaremos este tiempo de hastío como la prueba que nos resituó en la Tierra, reconociendo que lo importante no es dejarle un buen lugar a nuestros hijos sino dejar al lugar donde habitamos unos buenos hijos para cuidarlo con todo el amor que precisa.

Miraremos sobre nuestros hombros y, acompañando la mirada con agua de mar propia, recorreremos subidos en la memoria aquellos días en casa, como niños sin recreo, sumidos en la nostalgia. Y desearemos volver a estos días cuando, a lo peor, aún vivían aquellos que amábamos, aunque entonces no pudiéramos abrazarles.

Por ello y por todo lo que habita en nuestro corazón, luchemos por el presente sin importar lo que nos espere mañana pues, en realidad, no es más que elucubrar con un futuro que nunca alcanzará a existir, jamás llegará a SER. Lo importante es él, ella, ellos, aquellos que son testigos de tu presencia, de tus ocurrencias, de tus dudas y de lo mucho que te encanta decirles que les quieres. Todo lo demás no será, no es, no fue nada porque ya se nos olvidó.

Quédate con el olor de sus abrazos, con la sonrisa de los que comparten tu tiempo, con aquellos que comprenden que sufres sin articular palabra, con aquella persona que acude y te mima sin que medie motivo alguno.

Quizá vivamos tan inmersos en la necesidad de solucionar lo que ha de pasar mañana que, sin querer, nos estemos olvidando de lo maravilloso que es poder estar vivos hoy. Por si mañana fuera demasiado tarde, gracias por estar donde estés y compartirme contigo.

Salud y un abrazo!!

Agradecimientos por sus fotografías a legaintegra.es y a lamenteesmaravillosa.com

Espero que os haya gustado y os rogaría que si así fuera,votéis el artículo, os suscribáis en el formulario de la web para recibir de primera mano y en un mail mis publicaciones. Gracias por vuestra atención, sois muy importantes para mí.

Obra registrada a nombre de Justino Hernández en SafeCreative

 

 
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