Emocionalia

Muerto sobre la arena…

Muerto sobre la arena…

…Lo mejor de las historias con tintes de leyenda es que cuando finalizan te dejan la impronta de un misterio del que jamás sabremos sobre su certeza y eso les hace aún más atractivas.

Muerto sobre la arena...Hace miles de años, nuestro planeta, gozaba de tierras fértiles, desconocedoras de la mácula infame que es la contaminación y el inoportuno ser humano. Por entonces los cielos eran alfombras azuladas carentes de dolor y sus atardeceres eran espectáculos sin límite para el deleite, eran, sin duda, el ocaso que todos desearíamos tener en nuestro último día.
El mar se mecía al antojo de los vientos que coqueteando con las olas dibujaban espumosas crestas que adornaban la piel de los océanos. Todo era tan fluido que hasta las mareas se turnaban sin dilación ni enfrentamiento y bañaban las costas de los continentes en armónica alternancia sin que ello supusiera conflicto de intereses acuáticos. Todo era tan sencillo. Hasta que una noche, cuando los vientos cesaron y la calma tenía dulcemente secuestrada la faz del mar, éste se quedó hipnotizado por el brillo de una luz, por el destello que desde el cielo cubría de toda la superficie de su piel. La luna le había prendado de la magia que tienen las noches de luna llena, cuando el silencio del momento es capaz de capturar todos y cada uno de los suspiros que brotan del alma. Esas noches donde la protagonista luna es capitana de los barcos que navegan por instinto siguiendo sus mandatos. Y no supo que decir…
Pasaron los días y trató de buscar el modo de decirle que estaba enamorado de ella, que los vientos ya no le gobernaban y que estaría dispuesto a moverse a su merced, pero cada palabra caía al agua después de subir varios metros a lomos de olas de altura que jamás se han vuelto a ver. Pero uno y otro día, tras periodos de seis infatigables horas de intentos, seguidas de otras seis de descanso, jamás conseguía nada más que violentar la paz que le había caracterizado antes y le sumía en una resaca de cólera y desidia capaz de ahogar la mayor de las ilusiones. Estaba convirtiéndose en un mar muerto de ilusiones que flotaban a la deriva sin encontrar el puerto que buscaban. Comenzó, incluso, a tomar corrientes divergentes, que dieron al planeta nuevas formas climatológicas, favoreciendo con ello que nuevas plantas y seres vivos habitaran sobre el mismo desconociendo la diferencia entre ellos originada por la distancia que les separaba. Y así siguió pensando y pensando…
Organizó tempestades como llamaradas de atención para reclamar la suya en las noches en las que se mostraba con la cara completa y sin fracciones escondidas. Pero la luna parecía tornarse coqueta y distante, capaz de retarle con la mirada para que él se enfureciera aún más y tratase de estirarse ,cuanto más alto mejor, para poder rozarla y declarar su amor por ella. Muerto sobre la arena...Hasta que una noche de frío invierno, cuando los gélidos vientos tamizan la superficie de los océanos de una neblina que parece confundir al más osado de los marineros, la luna bajó hasta la superficie y pegada al mar en el horizonte le prometió escuchar sus palabras…
-Llevo siglos esperando este momento y ahora que te encuentro tan cerca de mí pierdo la fuerza suficiente para hacerte consciente del amor que te profeso. Daría cuanto soy por unirme a la luz que desprendes y te regalaría, cada noche, el brillo de mis aguas para que peinaras los destellos que me cautivaron la primera vez que te vi…Dime qué habría de hacer para poder llegar a tocarte, y fundirme contigo para siempre.- La luna, que escuchaba en nítido silencio sobre el mar, jamás perdió su perfil de seductora y no supo abandonar ni por un solo momento la necesidad que la embarga de ser única y directora de los designios de todo. Enterada de las pretensiones del mar le contestó lo siguiente…
-No habría de ser mala idea que tus aguas y mis luces confluyeran, y que tus olas adornaran la silueta que, caprichoso, me marca el rey de reyes desde el calor de su distancia. Pero si de verdad estas enamorado y te gustaría llegar donde yo estoy habrás de conseguir algo para mí. De ser así te concederé tu deseo. Cubrirás la Tierra de agua y la convertirás en el espejo al que pueda mirarme día y noche, y al son de la música que te marque llevarás tus canciones de enamorado en el interior de caracolas que me regalarás como muestra de tu amor. Si eres capaz de hacer cuanto te pido, al término, seremos uno…- Y con el término de estas palabras llegó la mañana y la luna se marchó de la vista de un mar que alborotado y dichoso comenzó a fabricar grandes olas que cubrieran cada palmo de Tierra vista. Lo que no sabía es que la luna levaba los bolsillos llenos de arena, y que dejó caer en cada orilla antes de marcharse a dormir siendo consciente de que buscaba un amante eterno y no un esposo sereno. Arena que se moja pero que jamás ha de cubrirse pues devuelve cada gota de las olas de nuevo a su lugar de origen. Lanzó alaridos de pasión contra los acantilados que, rendidos a su fortaleza, fueron mermando su tamaño y limaron su tamaño. Creó formas fantásticas en la roca, dibujando en cada trazo el sufrimiento de su destino, sintiendo que a cada golpe de mar se perdía el halo de su amor. Siglos después aun no se sabe si desistió finalmente en su envite, lo que sí es cierto es que hoy día las playas están llenas de conchas y caracolas que adornan el litoral de la Tierra que quedó por cubrir.
Muerto sobre la arena...Y con un poquito de suerte y mucha imaginación, podremos acercar nuestro oído a su interior y, cerrando los ojos, escucharemos nítidamente los ecos de un mar que, en su dantesco esfuerzo por complacer a su amada, dejó grabado gota a gota el mensaje de amor más maravilloso y sutil que jamás escuchó el hombre…

Agradecimientos a siemprenosquedarapotedaia.blogspot.com por la fotografía de la luna.

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Obra registrada a nombre de Justino Hernández en SafeCreative.

 
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7 comentarios en «Muerto sobre la arena…»

  1. Andrés

    Bonito relato me gustó.
    Ahira bien, igual te dejo mis críticas «constructivas».
    Trabaja con más sutileza la ruptura de la obra cuando das paso a acontecimientos importantes (lo haces de manera abrupta, no fluyes).
    Cuida tu ortografía.
    Utilizas la misma frase como recurso para las rupturas de ritmos en la obra «hasta que una noche….»(la usas dos veces).
    Saludos en la distancia.

     
  2. Sergio Zacarias Sánchez.

    Para quien vivimos retirados de algun litoral, el sonido de las olas esta gravado en esas caracolas de las que hablas.
    Gracias por estos relatos.

     

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