Emocionalia

La ciudad del horror bajo mis pies.

Y la ciudad del horror bajo mis pies…

Jamás he sentido tanto y tan profundamente el peso de la Historia bajo mis pies como aquellos días en los que tuve la inmensa fortuna de pisar antiguas tierras prusianas, qué digo, la misma capital de Prusia; Berlín. 

La ciudad del horror bajo mis pies.Con la intención de conocer, entre muchas otras cosas, algo más sobre la Segunda Guerra Mundial nos sumergimos en el corazón de una ciudad que vestida de siglo XXI aún guarda bajo sus faldas todo el hedor de un tiempo nefasto y mugriento que contiene los gritos, los lamentos y la vergüenza de una idea que aún no llego a comprender.

No hay resquicio ni esquina que no conserve las muescas de las balas de la necedad humana y ,por otra parte, se respira por doquier la necesidad de solicitar disculpas entre cientos de alternativas culturales, actividades de reconciliación y la asunción de que se cometieron errores que jamás han de volver a pasar.

No obstante, y para mi asombro y pesadumbre, noté en el ambiente una realidad que habría eliminado del conjunto de alternativas posibles sobre la metrópolis berlinesa en el año 2.015, y es que aún, si aún, siguen existiendo diferencias entre el Este y el Oeste. Esta situación me entristece casi tanto como la sucedido en el ecuador del maltrecho siglo XX pues a pesar de conocer la Historia seguimos empeñados en mantener la estupidez por encima de todo.

La ciudad del horror bajo mis piesHe de confesar que la alternativa de las guías de la ciudad, por personas que hablaban en español, fue más que un acierto. Sobre todo porque además de profundizar y llegar a conocer el Berlín que interesa realmente, pude conocer a personas estupendas que entre lugar y lugar a visitar me contaban su historia y el por qué un muchacho de Burgos, Licenciado en Filología inglesa, terminaba como guía turístico en Berlín. O la tristeza que sentía Marta,otra de las guías, cuando los días de frío volvía a casa tras trabajar con los grupos de turistas de la jornada y recordaba el olor de su habitación en España…

Como no podré dibujar un futuro para mi hija abundando en la riqueza económica, y tampoco me complacería como persona ni como padre, deseo, quiero apostar por abrir las puertas de su mente conociendo diferentes culturas a la nuestra, generando en ella perspectivas distintas a las que conoce en la cercanía de su cotidianeidad y ofrecerle alternativas productivas, entre otras, para las futuras resoluciones de conflictos personales, que los habrá, algo más sensatas y equilibradas de las que tomamos nosotros como adultos en la actualidad. Creo que viajar es una forma sanísima, desde el punto de vista mental, para tener una perspectiva algo más real de lo que llamamos mundo o humanidad.

No sé si calificarlo como uno de los momentos más estelares del viaje, pero conocer el taller de Museo Blindenwerkstatt Otto Weidt fue, sin duda, un punto de inflexión para la concepción que tenía sobre el desastre que fue la II WW. En este lugar se cuenta la historia del taller para ciegos de Otto Weidt. Durante el Tercer Reich, en este edificio de patio trasero, cercano a Hackesche Höfe, trabajaron principalmente judíos ciegos y sordos bajo la protección del fabricante Otto Weidt. Fabricaban escobas y cepillos, algunos de ellos para ejército, con lo cual el taller se consideraba importante para la guerra. Además, aquí trabajó durante dos años la escritora Inge Deutschkron, quien recibió la ayuda y el apoyo de Otto Weidt.

Y la ciudad del horror bajo mis pies.

Las habitaciones del taller se conservan en su mayor parte según su estado original, de modo que forman una idea auténtica de la época. Fotografías, cartas, documentos y otros objetos ilustran las vidas de las personas y los esfuerzos de Otto Weidt por proteger a sus trabajadores judíos de la persecución o la deportación, y lo que más me impresionó es que tenían códigos secretos pero tremendamente evidentes para comunicarse en las cartas y jamás fueron descubiertos… A medida que la amenaza fue creciendo, les buscó lugares para que se escondieran. Uno de ellos eran las habitaciones que ahora forman parte del museo y que, creedme, estremece hasta el último pelo del cuerpo. (Como particularidad, fijaos bien en la fotografía para que advirtáis que tan sólo dos personas miran a la cámara siendo conscientes de donde miran. Uno de ellos es Otto, el dueño del taller, las demás personas son ciegas. Meses más tarde de la toma de esta fotografía fueron llevados a auswitch prácticamente en su totalidad para, desgraciadamente, ser asesinad@s.)

Os animo encarecidamente a conocer esta maravillosa ciudad que si bien, arquitectónicamente, os podéis imaginar que no pugna por ser de las más bellas de Europa, es un verdadero libro abierto de Historia, un espejo en el que mirarse para no volver por la senda del horror y un ejemplo vivo de cómo resurgir de sus propias cenicas.

Espero que os haya gustado y os rogaría que si así fuera, os suscribiéseis en el formulario de la web para recibir de primera mano y en un mail mis publicaciones. Gracias por vuestra atención, sois muy importantes para mí.

 Agradecimientos a soulpictures.es por la fotografía de portada.

 

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