Emocionalia

¿Hay algo bajo tu cama?…Asegúrate.

¿Hay algo bajo tu cama?…Asegúrate. 

Siempre tuvo la sensación de que al apagar la luz, mientras echaba las sábanas hacia arriba para cubrir su cuerpo, había alguien más en aquella habitación. Incluso el aire parecía más denso y compartido, menos sonoras las pareces de la estancia y algo más mermada la percepción de soledad que cuando el día reinaba en la casa.

Hacía meses que vivía solitario en aquel piso del centro de Madrid. El sustantivo utilizado “piso” responde a la necesidad de hacerle comprender que, aun teniendo tan sólo 34 metros, gozaba de cocina, salón-comedor, baño y una habitación. Ya podrá imaginar, Señor, cómo era la distribución en metros de aquel lugar. No obstante, no hubo ni un solo día en que se quejara amargamente de su desdichada morada, más al contrario, parecía sentirse muy orgulloso del lugar en el que cada noche dejaba caer su osamenta.
Como le digo, era una persona muy reservada, casi nunca hablaba más de la cuenta, de hecho, las palabras solía parirlas a cuenta gotas, eso sí, de una calidad extrema pues en el periódico solemos cuidar muy mucho el léxico a utilizar; nos debemos a nuestros lectores. Rara vez compartía sus posiciones políticas y menos frecuente aún era escuchar pronunciamiento alguno sobre su situación sentimental. A decir verdad, hasta el momento en cuestión desconocíamos que pudiera albergar tal cantidad encontrada.
¿Aseado? Sí. Para ser honesto, he de decir que era un hombre bien parecido, atento y cultivador del buen gusto. De olor suave pero reconocible solía dejar huella por las mañanas mientras se paseaba entre las mesas de la redacción para llegar a la suya. Sus zapatos siempre brillantes, las camisas planchadas con rayas de tiralíneas y puños bien trabajados al vapor, imagino, de una plancha pesada y antigua. No contribuyó jamás en crítica alguna sobre el aspecto de ninguno de sus compañeros y, menos aún, soportó bromas sobre sus atuendos pues tampoco concedía oportunidad alguna a la risa fácil y colectiva. De todos modos, respetaba y era muy respetado.
Sus textos eran limpios y concisos, generosos párrafos literarios que acunaban las noticias de la manera más veraz y concreta posible sin olvidar que escribir –permítame que le diga– es un verdadero arte a la sombra de demasiada pobreza cultural y mucha más desidia por abandonar ésta. Tenía muchos lectores que le enviaban textos de vuelta agradeciendo su pluma, la certeza de sus punzantes acentos y la versatilidad que cada una de sus composiciones tenía en mentes distintas y distantes, juicios diametralmente opuestos o gustos que apuntaban a puntos cardinales enfrentados. Ciertamente, la ausencia de su tinta es algo que aún estamos digiriendo y, mucho me temo, jamás podremos cubrir su vacante con acierto o merecimiento.
Los últimos meses le habíamos notado más raro que de costumbre, es más, en alguna ocasión, María, nuestra Directora de Redacción, comentó haberle recibido en el despacho con los ojos acristalados, pañuelo de tela en su mano derecha y una petición de poder ausentarse durante unos días por motivos personales. Perpleja le preguntó si podía ayudarle, si estaba de su mano hacer menor su problema. Curiosamente, accedió a contarle que llevaba unos meses viviendo sólo y que su pareja había decidido no seguir con la relación que ambos mantenían desde hacía años. Jamás lo hubiéramos sospechado. Apuntó también que necesitaba estar más sereno para poder rendir mejor en su trabajo pues le costaba unir palabras con sentido y ofrecer a los lectores algo decente. Nuestra Directora, entendiendo su aflicción le concedió la posibilidad de ausentarse durante una semana. Incluso apuntó que esa misma mañana, 1 de Noviembre, marcharía de la ciudad para buscar la paz que necesitaba. Lástima que no nos diéramos cuenta de que esa semana iba a ser tan decisiva…
Y no le puedo decir más, Señor, es toda la contribución que puedo ofrecerle. Esta mañana, al ver que no asistía al periódico por segundo día consecutivo decidimos venir a su domicilio y nos encontramos lo que usted tiene delante.

Es cierto, siempre notó una presencia extraordinaria en la habitación, pero jamás se percató de que él mismo había hecho nacer a aquella criatura. Había almacenado cientos de exquisitas misivas de amor dedicadas a su pareja en las que le ofrecía la posibilidad de crear, crecer, reconocer y existir sobre la Tierra como dos entes nacientes distintos y diferentes a todo lo vivido en el pasado…Pero jamás tuvo el coraje para enviarlas. Fue acumulando tanto amor bajo sus espaldas que la habitación estaba repleta de cariño, sentimientos y retos de futuro, de ahí que notara que no estaba solo.

El lunes por la mañana, con fecha de 1 de Noviembre, recibió certificada la siguiente notificación por parte de su pareja:

Querido Alfredo:
No siempre es fácil vivir, evidentemente, tampoco lo es procurar ser feliz ni alcanzar con buen tino los caminos que nos lleven a tal objetivo. Provocar daño ajeno es, cuando menos, demasiado fácil y en ocasiones de costosa reparación. La vida son escalones sucesivos donde cuesta almacenar lo aprendido y, desgraciadamente, volvemos a caer con demasiada necedad en los mismos errores.
No obstante, te escribo esta carta porque creo que la palabra nos hará libres. Necesitamos vernos para poder reescribir nuestra historia y darle la oportunidad al universo de justificar el Amor que, desde la distancia y la oscuridad, mantiene nuestras almas unidas aún aunque no nos veamos. Entendería tu negativa y no tildaría de egoísta tu rechazo. Ahora entiendo que la vida es demasiado corta para sufrir tanto y demasiado larga para evitar no compartirla con aquella persona que nos hizo feliz alguna vez.
Te daré una semana de plazo para responderme, de no hacerlo en ese tiempo entenderé que cierras nuestra puerta para siempre y jamás sabrás de mí. Lo entenderé…
Te quiero+++

El forense determinó que su muerte fue causada por un paro cardíaco mientras sentado, en el único sillón de su habitación, leía aquella carta que, conteniendo tanto amor como los bajos de su cama, había llegado con demasiada antelación y en un momento inoportuno.

Tal vez no merezca la pena alcanzar tamaño extremo, tal vez vivir sea más simple de lo que creemos. Ojalá que el amor que subyace bajo nuestras camas emerja y nos conceda la posibilidad de mitigar todo el dolor que nos causó en algún momento el error más desafortunado. Alfredo tiene mil nombres y mil caras…Mira debajo de tu cama y no permitas que se acumule nada. Envía todo tu amor cuanto antes.

Espero que os haya gustado y os rogaría que si así fuera, os suscribieseis en el formulario de la web para recibir de primera mano y en un mail mis publicaciones. Gracias por vuestra atención, sois muy importantes para mí.

Obra registrada a nombre de Justino Hernández en SafeCreative

 
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